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REVOLVIENDOTE o EL RITMO MARIANO

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Que Juanjo presentaba desajustes con su subconsciente era algo que ya tenía asimilado, aquel sueño hacía confirmarle que había ciertos puntos que no podía explicar desde el punto de vista de la razón, para corroborarlo Juanjo comenzó a buscar por internet información de algunas de las cosas que había escuchado y de las que él aparentemente no tenía ni idea. ¿Cómo podían aparecer datos en sus sueños que él no sabía?

Juanjo lo aceptó con cierta tranquilidad, con mera perspectiva analista. La verdad es que lo único que le preocupaba es que tuviera que ver con algún trastorno que le separara poco a poco de la realidad.

Para no perder el norte se compró una libreta, una agenda, un boli de color azul y otro de color negro.

Comenzó a tomar notas con las cosas que le estaban siendo reveladas, trataría de poner un poco de orden y buscaría información que pudiesen ampliar sus escasos conocimientos. En su agenda anotaría los episodios que considerase relevantes.

Con esa idea Juanjo esperaba dos cosas. Por un lado aprovechar la información y consejos recibidos para mejorar su vida. Y por otro, tener controlado qué estaba pasando, para que en el caso de observar empeoramiento en su comportamiento tuviese la posibilidad de mostrarlo para pedir ayuda.

Siempre había sido amante de tomar apuntes a mano, de organizarlos, de tratar de sacar conclusiones… era un trabajo que siempre la había gustado pero que nunca le había servido de nada, o eso pensaba él, y quizás había sido así, al menos hasta la fecha.

En apenas dos semanas Juanjo había dilapidado tres libretas enteras, repletas de apuntes sobre lo aprendido de manera oficial y extraoficial.

La idea que rondaba a Juanjo era recuperarse como miembro de su especie. Volver a recuperar unos patrones que le ayudasen a mejorar un sinfín de cosas mucho más importantes que, por ejemplo, su maltrecha silueta. Pero fíjate, cómo esa era una de las que ha Juanjo más tiempo mental le ocupaban.

No era diferente a la mayoría, sentirse cómodo con su cuerpo era un arma potente para motivar a Juanjo, desde hacia tiempo había desarrollado una especie de fórmula matemática en la que describía la intensidad necesaria que debía generar un acto de resistencia o cambio de hábito para llegar a instaurarse. Existían motivos “ajenos”, tipo enfermedad, fallecimientos, que por su gran golpe podían cambiar de golpe hábitos o inercias, pero para casi el resto de los casos Juanjo creía que su fórmula podría ayudar a hacerse una idea mental de la resistencia que debería generar alguien para ganar una inercia. Utilizando su propia fórmula había llegada a la conclusión que tratar de poner remedio a ese cuerpo vacilón iba a necesitar una resistencia de una fuerza realmente potente, Juanjo iba en busca de ello.

La fórmula descrita por Juanjo era tal que así

Kg x años x intensidad = Tú inercia

Y su explicación podría ser algo parecido a esto

Kilos

Entendía Juanjo que, al menos en sus propias carnes, había sentido que conforme avanzaba su peso físico le costaba más hacer de todo. Literalmente, Juanjo notaba menguar mientras la báscula decía lo contrario.

Años

Defendía Juanjo de manera más vehemente que algo que llevas haciendo un año no puede costarte que algo que llevas haciendo durante, a lo mejor, más de treinta.

Intensidad

Intensidad se explica Juanjo, quiere decir entorno, todo. Tanto externo como interno, creado a través de creencias que se instalan en tu CPU haciéndote de creer que son tú. De lo que se estaba dando cuenta poco a poco, es que saber jugar con esta variable podría resultar una potente palanca con la que generar suficiente fuerza.

Para ganar y cambiar el hábito la resistencia deber ser mayor a la inercia, por el contrario si tu resistencia no es capaz de superar tu inercia perderá tu batalla por el cambio o modificación de hábito.

Resistencia < inercia = Perder

Resistencia > inercia = Ganar

Entre otras muchas cosas y apuntes Juanjo empezó a recuperar información sobre temas cómo:

Salud evolutiva

Movimiento funcional

Circuitos de recompensa

Barefoot

Un nuevo término antagónico al recibido por la tradición oral iba tomando forma.

La forma sigue a la función, o al menos en cuanto a las proporciones de los cuerpos humanos. O se ponía manos a la obra o su cuerpo cada vez sería mejor en no hacer nada y su forma dejaría claro que así era.

Juanjo se sorprendió al ver la cantidad  de gente que apuntaba en la misma dirección, no sabía si de manera correcta o fruto de algunas de esas artimañas que nos juega nuestra propia naturaleza.

Tras varias libretas y semanas de duro trabajo Juanjo llegó a una primera y extraordinaria conclusión. Debía moverse más. Algo tan simple se presentaba realmente difícil en éste hombre de inercias infinitas.

Apuntó en un post it:

  1. De momento no corras.
  2. Controla tu cuerpo.
  3. Reduce tu tiempo sentado
  4. Camina descalzo por casa.

Y se vino bastante arriba, con ese post it, fruto de un buen trabajo de investigación Juanjo iba a comenzar con una rutina que esperaba tuviera alguna repercusión frente al espejo y se argumentaba Juanjo, para darse fuerza, que mejoraría con ello su salud, sus marcadores de riesgo de padecer enfermedades, aunque eso le ocupara menos tiempo en el pensamiento. – Y mejor que no sea nunca así.- pensaba.

Juanjo entendió, entre otras muchas cosas, aquello de que era normal que no le apeteciera salir a correr. Porque la diferencia entre lo que esperamos de nuestro entorno y lo que recibimos es muy grande, tanto que todavía no hemos podido adaptarnos. El movimiento debería formar parte de la manera que tenemos para cubrir nuestras necesidades, pero en nuestro entorno no es así, por eso no hay desarrollado un sistema de atracción hacía esa actividad, el movimiento, sino más bien todo lo contrario. Permanecer el máximo tiempo posible en reposo, para almacenar, que sí sería necesario.

Y pensando Juanjo en su fórmula matemática se dio cuenta de que en los factores Kg y años no podía influir pero sí repercutir, se centró en aquello de la intensidad o el entorno.

Tenía pendiente una gran conversación con su mujer para la que ya habían programado cita en la que Juanjo quería hacer partícipe a su familia, su entorno. Tenía que conseguir la complicidad del resto de habitantes y Sole estaría al frente. Llegaría con buen talante para tratar de convencer a su compañera de caminos.

También se sentía muy responsable, cómo es normal, de la educación y el desarrollo de Juanjo. Pensaba ahora, que deberían poner especial atención a muchos aspectos que tratasen de dotarlo de cierta coherencia con su especie y que ellos deberían dar forma a ese entorno que parecía que se estaba poniendo en contra. Difícil batalla se les presentaba.

Juanjo iba a comenzar a hacer deporte, pero no con el enfoque que le había dado hasta ahora. Iba a centrarse en recuperar su capacidad de moverse, lo haría en casa de la manera más natural posible, quería que no fuese algo pasajero. Tenía ideas de incorporarlo con el peque, como un juego, de aprovechar los fines de semana para salir todos juntos.

Iba con su post it como si de un auténtico documento revelador se tratase, pero sabía que no era suficiente. Haría otro nuevo, con las acciones que iba a adoptar desde ya. Seguiría investigando en todo esto del entrenamiento funcional pero por el momento tenía que empezar por algo.

Recuperándolo, cogió su nueva libreta y anotó que acciones se le ocurrían para que ese papelito fuese tomando forma en su realidad. De todas las ideas que tuvo, finalmente decidió quedarse con las siguientes, por su facilidad, por su poca fricción con su día a día y porque sí:

  1. Al llegar a casa lo primero que haré será descalzarme, cuando salga de casa lo último que haré será calzarme. De todo mi calzado trataré de utilizar el que menos juegue a deformar mi superficie de contacto con el mundo.
  2. Cada día, cuando fuesen a recoger a Juanjito al colegio, aprovecharían para hacerlo caminando, tanto la ida como la vuelta.
  3. Al llegar a casa, le pediría a Juanjito si podía enseñarle a moverse como él. Obviamente el peque tenía mucha más capacidad y cambiar de roles le parecía enriquecedor. 20- 30 minutos al día
  4. A lo largo de cada día haría 100 sentadillas y 50 flexiones.

Juanjo había pensado muchas más opciones, pero le pareció que pequeñas victorias podrían asegurar mejor su adherencia ante la enorme fuerza que debería de ser capaz de generar su resistencia. Esperaba también, que estos sencillos pasos fuesen penetrando de manera sutil en la rutina familiar.

En su agenda llevaría un pequeño registro de las pequeñas victorias o derrotas para tratar de mejorar su tracción.

Y revisando su agenda, se dio cuenta de que ya casi había completado dos semanas en el turno de noche. No lo habían llevado nada mal, desde el punto de vista logístico, se habían adaptado bien. En cuanto al miedo de Juanjo a dormir de día, parecía que realmente le estaba costando adaptarse. Conciliar el sueño resultaba más difícil de lo que en él era habitual, la calidad era peor. Solía despertarse bastante a menudo para revisar de manera compulsiva la hora en el móvil y así comprobar cuanto tiempo había sido capaz de dormir de una tirada. El trabajo durante la noche en sí, lo llevaba bastante bien hasta alrededor de las 4 o las 5 de la madrugada en las que ya empezaba a notarse cansado. Le daba rabia llegar a casa cansado y no ser capaz de dormirse hasta el cabo de tanto rato. Sería cuestión de acabar de adaptarse, es cierto que todavía no llevaba ni dos semanas y entre las siestas y el finde podía ir trampeando bien, pensaba. Aunque también es cierto, que no había puesto todas las facilidades para conciliar el sueño y la avidez de Juanjo por adquirir nuevos conocimientos le habían hecho robar horas de sueño para devorar compulsivamente lecturas enriquecedoras.

Una de las cosas en las que Juanjo había actuado conscientemente en esto de modificar su entorno fue en pasar más tiempo con su nuevo compañero de trabajo. Pasar más tiempo con Dani le aportaba muchísima frescura. Salía de las conversaciones nocivas entre empleados refunfuñados y frustrados. Encontraba la calma y las historias de aquel joven que contenía más sabiduría de la que sus años deberían ser capaces de atesorar.

Juanjo y Dani se explicaban sus preocupaciones y sus alegrías a partes iguales. Dani se encargaba de hacer reflexionar a Juanjo sobre las muchas cosas alegres que tenía en su vida.

Para Dani conocer a Juanjo también resultó un soplo de aire fresco. Aquel hombre había despertado una chispa en su interior, cada día aparecía con los ojos iluminados para compartir sus nuevos aprendizajes o reflexiones. Dani las aprovechaba para ampliar y matizar su gran mapa filosófico de la vida.

No eran las personas con las que más tiempo pasaban, pero si con las que más tiempo hablaban. Aprovechaban cada descanso para estirar las piernas y hablar un rato. Volvían a casa compartiendo medio camino en bicicleta y entre otras muchas cosas, casi sin querer, habían reducido las incidencias en su parte de la sección en un 27%. Dani encontró en las oficinas el compinche que había estado buscando de manera infructuosa hasta la fecha.

Una noche en el descanso de las 2 de la madrugada Juanjo reflexionaba en voz alta:

– Tengo que dejar de leer hasta tan tarde, después me cuesta mucho conciliar el sueño, me pongo nervioso y entro en un bucle malísimo. Lo noto porque me levanto mucho más cansado que antes. El problema es que a veces estoy deseando llegar a casa para ponerme a leer o escuchar algo y claro, me lío y se me hace muy tarde…

– Eso me suena, la mayoría de los que pasamos por el turno de noche no acabamos de llevar una relación del todo saneada con nuestro descanso. En parte es normal ya que nos estamos saltando nuestro ritmo circadiano bastante por el forro, tienes que intentar hacerlo mejor.

– ¿A ti no pasa? Ya me dirás algún truco, aparte de no leer hasta las tantas… ¿Y qué es eso del ritmo mariano?

– JAJAJAJ ¡Yo he mejorado mucho! ¡Te explico! Y el ritmo mariano, como tú lo llamas, es una “herramienta biológica” que marca los tiempos de tus ciclos de actividad/descanso, entre otra cosas, a través de un entramado hormonal bastante curioso. Estos ciclos se corresponden con el ciclo solar o lunar y suelen tener 24 horas de duración… Esto forma parte del A B C para tener una buena salud y trabajando en el turno de noche deberías estar muy al loro.

– ¡Hombre! Me suena todo esto de cargarnos nuestro, digamos… correcto funcionamiento del circuito hormonal.

– ¡Claro! El cuerpo se pone a trabajar con todas sus hormonas para dormir y tú te esfuerzas y haces actividades que te mantienen despierto. Y al revés igual, cuando estás generando hormonas para estar activo estás en tu cama con los ojos como platos y el cerebro en aceleración.

– ¡Pues toma! Otro frente abierto, cómo si no tuviera yo suficiente…

– JAJAJA pobre Juanjo, ¡qué vida más injusta te ha tocado eh! Te voy a montar un crowfounding para  que te hagan un libro, seguro que la humanidad se compunge ante tu testimonio, te llevan a Hollywood y cuando mueras…

– ¡Vale vale! ¡Frena! Me he pasado lo sé, soy así. – Bromeaba Juanjo cabizbajo. – Bueno, ¿entonces qué puedo hacer para no cargarme el ciclo Mariano?

– Circadiano Juanjo, por favor, que cómo se te quede así cualquier día vas adoctrinando a tus amiguetes con términos extraños. Y mejor que le metas mano en cuanto antes, cómo ya te podrás imaginar puede acarrear muchísimos problemas en nuestra salud y bienestar.

– Que sí, que es broma.

– A ver, te explico. Como tú mismo ya me has explicado alguna vez, preocuparte por tener un buen funcionamiento hormonal resulta crucial si quieres tener buena salud. Al igual que con la alimentación moderna podemos dañar nuestro sistema de envío y recepción de hormonas, con los ciclos circadianos puede pasar lo mismo. Existe un entramado hormonal que principalmente se rige por el sistema de luz y oscuridad y actuar de manera contraria a él es ir directamente en contra de tu salud. Trabajando en el turno de noche es evidente que vamos en contra pero podemos realizar pequeños actos para tratar de minimizar su impacto. Como ya estás viendo, tratar de modificar tu entorno será tu mejor aliado. Te digo las cosas que hago yo y porqué…

– ¡Vale!

– Como idea global tienes que hacer creer a tu cuerpo que trabajas de día y duermes de noche. Empiezo con el despertar, que en mi caso, generalmente es sobre las 13 horas. Lo primero que hago es abrir todas las persianas, ya que tengo la casa completamente a oscuras, salir a la calle para moverme un poco y que la luz natural ayude a mi cuerpo a despertar. Siempre intento salir, aunque solo sea un pequeño paseo. Con esto ya estoy ayudando a estimular a mi cuerpo y que entienda que debe activarse. Durante el resto del día no hago nada especial, aparte de pasar el mayor tiempo posible al aire libre. La mayor parte de la jornada laboral tampoco hago nada, salvo a última hora. Cuando queda poco tiempo para que salgamos me pongo mis gafas ¿sabes las que te digo?

– Sí, las he visto. Deben estar de moda porque he visto a varios compañeros con ellas. ¿Pero que tienen que ver las gafas?

– JAJAJ bueno, no están mal, pero no es porque estén de moda éstas gafas. – Dijo sacándoselas del bolsillo del chaleco.- Tienen un filtro que inhibe el paso del espectro azul de la luz. Ese tipo de luz ayuda a suprimir la secreción de melatonina y esto no es bueno si quieres comenzar a dormir poco tiempo después de estar expuesto a este tipo de luz.- Acabó de declarar mientras se ponía las gafas y me lanzaba una sonrisa seductora.- En tu caso que estas delante del ordenador te aconsejaría que te instalaras alguna aplicación o la activaras en tu PC y en el móvil. Un par o tres de horas antes de acostarte asegúrate de bloquear todo este tipo de luz.

– Oh ¡qué grande! Pues lo haré, me compraré las gafas y las aplicaciones.

– Si se lo pides a tu encargado te dará unas gafas como éstas. – Volvió a guiñarle el ojo. -Recuerda que ésta empresa tiene más cosas buenas de las que sabes, creo…

– Pues sí, la verdad. Se las pediré al Largo

– Otra cosa que podrías tener en cuenta, es por ejemplo la vuelta en bici. Hacerla tranquilo, sin grandes exhibiciones, si quieres dormir en breve, con el ejercicio vigoroso todavía estarás poniendo más trabas. Yo si tengo que “correr” lo hago al venir. Y una parte crucial, que tú mismo ya me decías antes que haces fatal, es ponerse nada más llegar a casa delante de la tele, el móvil, la tablet, el ordenador… ahora ya sabes que su luz va en contra de tus intenciones. En el caso de que alguna vez tengas que hacer algo, recuerda tener los filtros activados, pero mi recomendación es que aproveches ese momento antes de irte a dormir para tratar de acabar de engañar al cuerpo y hacerle creer que por ahí afuera ya ha anochecido. Yo cuando llego a casa sobre las 6:30 tras la vuelta calmada y las gafas puestas dejo toda la casa a oscuras, trato de no encender las luces o mantenerlas lo más tenues posible, enciendo alguna vela y aprovecho para escribir en mi diario y meditar unos minutos. Sobre las 7 me quedo en la oscuridad absoluta, como ya sabes hasta las una o así suelo dormir bastante bien. Para poder hacer esto yo tengo la “suerte” de vivir solo y poder adaptarlo todo, en tu caso piensa alguna manera para que lo puedas mejorar.

– Qué bueno Dani! Me gusta esta visión que me has dado, tiene toda la lógica también. Pensaré como hacerlo mejor, ya me podrían haber explicado esto en el cole de los ritmos circadianos y aquello de los circuitos de recompensa que me contó… otro amigo.

– Tienes razón Juanjo, a veces todo es mucho más sencillo. ¡Venga vamos! ¡Que todavía nos queda un ratito de trabajo! Te enviaré un whatsapp con links a unas lecturas que te recomiendo, para que puedas entender mejor lo que te explico y mirarte las app’s para el bloqueo.

Aquellas conversaciones le dejaban la misma sensación que las conversaciones marianas, como el mismo se había encargado de bautizarlas. Ese extraño regustillo de las nuevas experiencias, los nuevos aprendizajes, del enamoramiento primerizo, cuando estás conociendo a personas que posiblemente cambiaran tu vida, dejando una extraña sensación de vida mejorada.

¡Juanjo va de cabeza!

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Que la salud te acompañe.

ÚNETE A elevolucionista


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