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EL MOVIMIENTO o PORQUE TU HIJO NO SOBREVIRIRÁ

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pexels-photo-225957Llevaba Juanjo más de tres horas trabajando y todavía no sabía que estaba haciendo. La cafeína ya no hacía el efecto deseado, su tolerancia había alcanzado nuevas cotas.

Le estaba costando centrarse últimamente. Su cabeza se iba constantemente a todo lo que estaba aprendiendo y su, ahora demostrada, desconexión.

“Joder, es que con este ritmo es imposible hacer nada, siempre al límite. Tengo que hacer algo.” Se reiteraba.

Pero no encontraba la manera. Había conseguido salir a correr un par o tres de días a la semana. Pero, la verdad, no encontraba vías para seguir adoptando nuevos hábitos. Sabía que quedaba tanto por hacer… ¿y si no podía otra vez? ¿hasta dónde sería capaz de llegar?

Sentía Juanjo la rabia del que tiene las herramientas pero no sabe utilizarlas. Del conocimiento sin praxis. De la parálisis por análisis. Del exceso de información, de las diferentes versiones.

Hacía tiempo que no venía a verle. La idea de parecerse, aunque fuera en lo más mínimo a su abuelo, le parecía muy alejado de su realidad, pero le gustaba.

Sole, su mujer, seguía alucinando. Se le hacia un mundo a Juanjo ser capaz de explicarse sin parecer que había perdido el norte. En ocasiones, incluso él mismo lo pensaba. Se le acababan las explicaciones. Lo atribuía a algo pasajero, aunque también es cierto, que estaba siendo revelador y le ayudaba a mejorar.

“Sólo” tenía que comer como si estuviera en libertad… iba a costar bastante de argumentárselo.  Su mujer era una apasionada de los productos rosas del super para mujeres de hoy, bajos en calorías, desnatados, desgrasados… Pensar en abandonar sus special K anunciados por famosas de postín, su jamón sin casi jamón, y sus barritas que sustituyen una comida… ahí sí que se pondría como un animal.


Los gemiditos de su jefe lo devolvieron a la realidad (tenía tendencia a realizar unos ruiditos guturales, cómo para advertir de su inminente llegada).

  – Juanjo, he hablado con el jefe del turno de noche. En tres semanas Palomares (“el radioactivo”) se jubila. Podrás incorporarte entonces, la idea que tiene es cambiarte de departamento y  que te vayas a logística. Al parecer el volumen que tienen es grande y en nuestro departamento ya se habían acostumbrado a trabajar con una persona menos dada la productividad del pobre radio… Palomares.

Se decía que desde que había pasado a currar en el turno de noche el pelo de Palomares había mutado del rubio al naranja. Y con él, su salud.

Juanjo notó como un frío seco, acompañado de unas ligeras punzadas subía por toda su espalda.

Se sabe que la humanidad tiene tremendo miedo al cambio, aunque éste pueda resultar positivo. Lo que también se sabe es que éste, es imprescindible. Juanjo ya sufría.

Ya no estuvo en todo el día. Sólo construía hipótesis en las que se encontraría en su nuevo departamento. Pensaba en si gustaría a sus nuevos compañeros, si le caerían bien, en sus nuevas funciones, en cómo le costaría todo, en que no tenía ni idea, en lo que sufriría… Con lo tranquilo que estaba él, odiando sus balances, su IVA y resoplando cada minutito.

Ni se le pasó por la cabeza la posibilidad de conocer a nuevas personas con las que quizá compartiría inquietudes, ni mucho menos en poder aprender nuevas capacidades, en desarrollar nuevas aptitudes, aprender nuevas manera de trabajar, nuevas maneras de pensar, en evolucionar…¿para qué? ¿Por qué disfrutar del perfume pudiendo hundirse en la mierda?


Juanjo no encontraba las llaves de su VOLVO, seguro que las había perdido por la mañana. Llegaba tarde y salió disparado del coche, se le habrían caído mientras corría.

Menuda faena, ¿qué hacía ahora? No quedaba nadie en la oficina, sólo el jefe en su nido. Y justamente hoy no tenía ganas de volver a verlo.

Llamó a su mujer pidiendo socorro. Su casa estaba a casi una hora caminando, pero su mujer no podía ir a rescatarle, el coche de papá estaba en el taller.

En aquel polígono, no había otra manera de escapar que no fuese en vehículo privado o caminando. No le quedaba otra opción, tendría que ir caminando. Le iba a dar un infarto del agobio que sentía.

Menudo día… le dicen que lo van a cambiar de departamento, así, a pelo. Si lo llega a saber no acepta el cambio de turno. Encima no tiene cómo volver a casa, lo peor sería ir mañana a trabajar… no quería ni pensarlo.

Juanjo era consciente de que estaba a punto de darle un patatús, trató de relajarse como pudo. Relajó su cara, comenzó a respirar conscientemente y adoptó una postura más natural.

Estaba más tranquilo, total no podía hacer nada más. Se trasladó al presente, lo aceptó y mejoró.

Se le estaba pasando por la cabeza una pequeña locura recordando la bronca que le metieron por utilizar sus bambas Retroblaster Ultrapump, total no creía que ningún conocido lo viera caminando por el lateral de la carretera.

Se quitó sus “zapatos Armando, te ayudamos a seguir caminando” con sus suela anti estabilidad. Las metió en la mochila y siguió caminando.

Se conoce que se vino arriba, y comenzó a correr.

Algunos coches le pitaban mientras corría, otros lo cubrían a ráfagas luminosas, no sabía si como señal de ánimo o de odio. La cuestión, es que se lo estaba pasando pipa.

Algo tipo moto se puso a su lado y comenzó a saludarle… “¡pero bueno!, ¿estaba loco o qué?» ¿que no veía que iba a provocar un accidente? ¡Lo iban a atropellar! No veía nada con la luz que emitía… Juanjo sintió elevarse. El resto de la historia ya te la debes imaginar.


– ¿Qué pasa tío? Muy bien ehh, corriendo descalzo. Veo que mis charlas están teniendo su efecto.

– ¿Pero qué tipo de vehículo es este?. Juanjo flipaba.

– Tranquilo es muy seguro, es que no podía venir de otra manera. Vamos un momento fuera de la carretera, que tengo ganas de contarte una cosa.

Juanjo estaba sacando sus «Armando» de la mochila, cuando se giró para hablarte no había ni rastro de aquella moto. 

– Bueno, perdona que te haya abordado así, te he ido a buscar al curro y he visto que el coche estaba ahí con las llaves por fuera. Con lo despistado que estás, pensé que te habrías marchado con alguien y olvidaste las llaves puestas. Cada vez haces cosas más raras, me gusta. Al irme te he visto corriendo.

– Sí. Gracias por las llaves, es que las había perdido…

– ¿Cómo va todo? ahora hacía tiempo que no habíamos podido hablar. Se que te has recuperado de tu lesión porque te he visto corriendo la mar de bien, y eso que no había podido enseñarte. Estuve recordando el otro día en que me explicaste que tras la sacudida inicial que te metí, habías vuelto a jugar a tu hijo con un poco más de “libertad”. Hoy te quiero explicar una hipótesis sobre por qué y cómo los niños deben jugar, y quizás, no los estáis dejando. ¿Sería después extrapolable a tus capacidades/aptitudes/actitudes adultas?…no lo sé.

Hoy te voy a explicar por qué tu hijo está aprendiendo a sobrevivir y tú le estás impidiendo que pueda hacerlo.

– Me estas empezando a caer bien…

Más te vale jajaj

– Déjame que te explique antes de que comiences una cosa que me pasa… estoy recibiendo nueva información sobre muchas cosas y mi vida no me permite ponerlas en práctica. Me siento frustrado.

– Tranquilo, es normal. Entiende lo que te explico y ves realizando poco a poco cambios en la buena dirección, sostenidos en el tiempo te darán grandes resultados. ¡Te lo garantizo!

– Ya… ¡lo queremos todo ahora! y va a ser que no. A ver… ¡ilumíname!

– Pues venga, te explico por qué estás limitando las posibilidades de tu hijo de sobrevivir. 

Como sabrás la evolución de nuestra especie se remonta a cientos de miles de años.

El aprendizaje es una herramienta para adquirir capacidades y conocimientos. Algunas cosas las aprendemos de manera intuitiva, forma parte de nosotros, como mamar, jugar, llorar… otras las aprendemos dependiendo del entorno, la época, las costumbres, como construir herramientas de sílex, las tablas de multiplicar o la arquitectura. El juego aparece como medio natural para aprender, de otro modo no hubiese sido sostenible a largo plazo, por eso jugar también nos provoca placer y satisfacción.

Entendiendo que sobrevivir es la principal prioridad de tu especie, podrás imaginar que aprender las capacidades que ayuden a esto también serán las primeras que desarrollaremos a través del juego.

Piensa en que deberías desarrollar y aprender para sobrevivir en el entorno en el que tus genes todavía creen estar… Correr, saltar, trepar, tirar, pelear…. Sí, ¿verdad?

Piensa que le estás constantemente diciendo a tu hijo. No corras que te van a atropellar, no saltes desde ahí que te vas a romper una pierna, no subas ahí que te vas a descalabrar, deja de tirar piedras que le vas a abrir la cabeza a alguien…. NO NO NO, PARA PARA PARA, QUIETO QUIETO QUIETO ¿te suena verdad?

Prohibiendo constantemente ese juego y sobreprotegiéndolo, estás consiguiendo que tu hijo no pudiese sobrevivir en su «supuesto» entorno natural. En mi opinión estás grabando su carácter perdedor, sumiso, miedica en la etapa adulta.

Piensa por un instante, ¿quienes eran los líderes de tu clase cuando eras pequeño? Los que tenían mejores capacidades físicas, ¿a que sí? Los que habían desarrollado su confianza en ellos mismos. De manera inconsciente, pero natural, erigimos como líderes a aquellos que mejor puedan garantizar nuestra supervivencia. Pertenecer al grupo ganador. 

No quiero que entiendas que esto debe ser lo prioritario y dejar cuestiones obvias, dadas nuestras circunstancias actuales, de lado. Pero quiero que entiendas que permitirle explorar, aprender y mejorar las capacidades y posibilidades de su cuerpo le ayudará a ser mejor ser humano de manera integral. A mejorar su confianza y capacidades, no estamos buscando el nuevo líder de la clase. Estamos buscando personas que crean en ellas, que lo intenten, según sus circunstancias.

No entiendas que te estoy invitando a que dejes a tu hijo actuar como un «salvaje» sin dirección, que lo atropelle un camión mientras su padre se golpea el pecho con los puños, pero piénsalo. ¿Qué puedes hacer para tratar de darle a tu hijo un marco más coherente en cuanto a su movimiento?

Acércate lo más posible a las estructuras más minúsculas de vida que conocemos, lo que no se mueve está muerto, y no vais en la buena dirección.

El problema es plantear todo esto de manera disociada a nuestro patrón de conducta diaria, en lugar de entender que debe ser parte integrada. Por ejemplo, vuestro imaginario colectivo ha inventando una asignatura para evaluar las capacidades según métricas cuestionables, ¿qué pasa si suspendes esa asignatura?, ¿no es lo tuyo? Asumes con frustración que lo tuyo no es dar volteretas o hacer el pino, cuando eso no es lo importante.

Actuar en movimiento sin necesidad de moverse es uno de los grandes retos de tu especie.

Por cierto, tú también deberías desarrollar todas esas cualidades que el entorno artificial han hecho que pierdas. ¿No crees?. Por ejemplo así o asa

Y ahora qué, ¿cómo vas a plantearte el desarrollo de tu hij@?

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Juanjo levantó la cabeza y vio una de esas mantas térmicas fosforitas que ponen cuando la gente muere. “Dios mío ¿la he palmado?”.

Se levantó de golpe y salió corriendo como si no hubiese un mañana.

Sus Armando, se quedaron en la cuneta.


¡Amor!, ¡ya estoy en casa! Dadme un abrazo ¡Menudo día! ¡Mañana llevamos a Juanjito al parque a jugar!

Que la salud te acompañe

ÚNETE A elevolucionista


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2 Responses

  1. Rubén, me encanta tu estilo, tío. El hacerlo en forma de historia me parece una genialidad… vamos que da gusto leere.
    Muchas gracias!

    1. Muchas gracias a ti por leerme Manuel. ¡Me alegra mucho que te guste la idea!

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