blog

EL JARDINERO LOCO o PONLE VALOR

tree-1033614_1280

tree-1033614_1280

Juanjo casi no podía ver entre toda aquella maraña que todavía no era capaz de reconocer. Sus pasos no podían ser deliberados, debía encontrar los recovecos que se intuían para ser capaz de dar algún paso. Caminaba con intención, pero sin dirección.

Al principio no tuvo mayores inconvenientes, avanzaba según iba encontrando huecos por los que colarse, pero con el paso del tiempo Juanjo se fue agobiando. No sabía cuánto tiempo llevaba caminando, el no tener el suficiente campo de visión y el hecho de ni ser capaz de ver el cielo, provocaba una sensación de claustrofobia cada vez más insoportable. No era consciente de por dónde había pasado y quizás lo único que estaba haciendo era dar vueltas sobre el mismo terreno una y otra vez.

Juanjo dejó de caminar. “Así no puedo seguir”, se decía. “Estaré toda la vida aquí metido sin tener ni idea de hacia dónde voy… si al menos pudiese ver el sol para guiarme…” pensaba. “Como mínimo dejaré un rastro de por dónde he pasado ya, para comprobar si al menos estoy dando círculos absurdos”.

Si no encontraba la solución su vida estaba en peligro. Dormir alguna noche a la intemperie sería sostenible, pero ¿cómo iba a sobrevivir toda la vida en esa maraña, sin hogar, sin comida, solo?

Tras comprobar que los únicos caminos libres sólo hacían que conducirle a una espiral sin salida, decidió cambiar de estrategia. “Caminaré en línea recta”, se dijo. “Apartaré los matojos, ramas, troncos que no me permitan mantener mi rumbo”.

Parecía buena idea, pero no estaba dando los frutos esperados. Juanjo se empezaba a desesperar. Demasiado esfuerzo para tan poco avance. “Menos mal que esto en un sueño”, reflexionó Juanjo sorprendiéndose a sí mismo. “¿Es posible distinguir entre un sueño y la realidad? ¿Es posible actuar con voluntad en un sueño? ¿Por qué no?” pensó. Después pensó si era posible meter voluntad a la realidad. Por fin encontró algo que buscaba.

Encontró una caja de madera en medio de un escaso claro de unos 50 cms de diámetro. La caja ocupaba casi todo el claro. -Aquí ya ha estado alguien!! Adivino Juanjo emulando al teniente Colombo.

Al abrir el baúl se llevó una decepción… “¿Tanta caja para esto?”

Juanjo cogió aquellas tijeras de podar, alzó la vista y comprendió que el trabajo que le quedaba daba para un par de vidas más.

“Madre de dios, menuda tontería de sueño, ¿por qué coño no me despierto y acabo ya con esto? ¡Me voy a volver a despertar con un ataque!” –¡Si no me das más opciones me quedo aquí sentado hasta que me despierte!- Grito Juanjo desafiándose.

Sentía el frío y el hambre como amenaza. “Joder, a ver si no es un sueño, o estoy en coma o ya me he vuelto loco para siempre…. o es mi realidad”.

La necesidad hizo que se incorporase y comenzase a podar las ramas más débiles. Avanzaría más lento pero se aseguraba  de que al menos esa teórica línea recta se estaba cumpliendo. No tenía ni idea de las horas que llevaba ahí, la cosa se estaba poniendo más complicada, la escasa luz cada vez era más débil. Estaba anocheciendo.

– ¡Madre mía! Espero que esto sea un sueño porque si no mi vida está en auténtico peligro.

Siguió trabajando con su pequeña tijera y sus propias manos para ir avanzando poco a poco. Juanjo estaba extenuado. Tenía las manos ensangrentadas y agrietadas, “el túnel” construido hasta que Juanjo cayó desplomado tenía apenas 2 o 3 decenas de metros.

Entre el frío y aquella gélida gota que le cayó en la frente el sueño de Juanjo se truncó.

– ¿Cómo puede ser? Si me acabo de despertar debería estar en casa, ¿no?- Juanjo decidió que realidad o ensoñación debería seguir con el trabajo que había realizado. No estaba seguro de que fuera la mejor estrategia pero ya que la había empezado iba a darle algo de continuidad.

Las horas, minutos, segundos no existían, la luz filtrada seguía llegando a cuenta gotas, Juanjo no quería ver llegar la oscuridad.

Mirando atrás había avanzado mucho más que la jornada anterior, su técnica se había pulido y atacaba las ramas de diferentes maneras. También adaptó su postura para ocupar el menor espacio posible.

Mirando al frente, hacía un buen rato que pensaba que más adelante debía haber, por lo menos, un claro más grande que el encontrado anteriormente. Podía ver mucha más claridad y parecía extenderse de manera horizontal.

Las últimas ramas fueron arrancadas por todo el cuerpo de Juanjo que atravesó los últimos metros completamente enajenado. Cuando pudo recuperar la respiración, incorporó su cabeza y pudo adivinar un camino estrecho, el cielo azul podía verse cuando la enorme longitud de aquellos árboles terminaba. A ambos lados dos marañas de “bosques” que llegaban hasta dónde los ojos de Juanjo alcanzaban a ver.

– ¿Dónde coño estoy? Esto no es en bosque.

Las ramas parecían encogerse cuando las cortaba y los sonidos del “bosque” le demostraron que cada rama que cortaba afectaba a múltiples ramas en diferentes lugares.

Al volverse para comprobar que había en la otra dirección del camino lo vio. Con un hacha en la mano, sonriéndole.

– Efectivamente Juanjo, esto no es un bosque. ¿Cómo estás? Perdona la broma, pero pareces un Cristo, ¿has hecho tu vía crucis? jajaja si no fuera por el pelo…

– Si yo te contará… ¿dónde estamos? ¿esto es un sueño?

– JAJAJA claro que es un sueño macho. Bueno, en realidad es mucho más que un sueño… Bienvenido a tu vida, te he traído aquí para explicarte otro juego. Primero tenías que encontrarme, con esas tijeritas no creo que llegues muy lejos le dijo mientras entregaba a Juanjo el hacha, que no pudo sostener ni con ambas manos.

– Tranquilo ahora estás cansado, vamos a sentarnos ¿quieres agua?

– ¡Sí! Suplicó Juanjo.

– Ahí tienes un poco.

Al girarse Juanjo encontró una pequeña roca de la que brotaba agua cristalina.

– Eso no estaba ahí antes….

– Es lo que tienen los sueños. Atento. A un lado tienes tu bosque de valores, aquellos con los que te sientes identificado, que no tienen por qué ser los más grandes. También están aquellos que aumentas con tus actos, aunque puede que no sean mucho de tu agrado. Ahí están todos mezclados y remezclados, algunos fuertes y fértiles, otros abandonados y lánguidos. Todo depende de tus actos…

– Muy bonito, pues me ha quedado un poco complicado y al otro lado… ¿lo mismo?

– Casi, pero no. Es lo que has construido tu vida, tu entorno, amigos, familia, trabajo, relaciones, cosas, tiempo, tú. Verás que las cosas más grandes es a las que les dedicas mas tiempo y pensamiento. Creo que comprobarás como tu vida no prioriza las cosas que crees importantes. Te falta foco y dirección amigo, te falta ampliar el campo de visión, pensar diferente. ¿Has visto lo difícil que te ha sido llegar hasta aquí? Te podrías haber pasado la vida entera con la tijerita sin haber entendido nada.

– ¿Entender, el qué?

– Jajaja eres muy grande, Juanjo deseas una vida que no sabes realizar. Te pasas más tiempo viajando que estando. Tienes hecha la picha un lío. Vas a revisar tus valores, vas a analizar cuáles son con los que te sientes identificados y vas a ver qué haces en realidad para regarlos. Vas a pensar maneras de hacer más para que puedan crecer aquellos valores en los que quieres que se sustente tu vida. Vas a hacerte consciente de los valores que riegas y no te gustan, para poder talarlos de raíz. Lo que hagas a un lado afectará al otro, siempre. Debes poner en sincronía esto o tu vida estará llena de fricción. Empieza por tu izquierda, conoce tus valores y monta tu vida en torno a ellos, te lo agradecerás. Tienes que crear nuevo espacio para poder seguir creciendo, tienes que talar. Tienes que disfrutar tu bosque. Con éste lío todo es reacción, no tienes espacio para la creación.

– Pues mira, al final me va a gustar éste juego. Dijo Juanjo alzando el hacha con ambas manos.

Cuando se despertó Juanjo no podía ni mover las manos. Al levantarse escuchó como arenilla golpeando el suelo, parecía caer de la ropa de Juanjo.

Al salir de la habitación, se encontró a Juanjito corriendo con su hacha de indio en la mano, que al ver a su padre cambió de dirección hacia él con el hacha en posición de batalla. Cuando sus ojos se encontraron Juanjo despertó de golpe y se levantó como un resorte de la cama. Iba de cabeza a afilar su hacha.

eyes-1149968_1280

Y tú ¿sabes lo que te mueve?


Si quieres saber qué es lo que te mueve prueba con ésto.

 

Que la salud te acompañe.

ÚNETE A elevolucionista


Si te gusta lo que lees, puedes compartirlo. Yo y quizás alguien más te lo agradecerá.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *